Jul 08 2011
Los Nuevos Talentos…
Felicitaciones por el desempeño que has tenido este año. Si sigues así seguramente a fines del próximo serás nombrado gerente general.
- Ni loco –respondió el joven de casi 30 años–. El año próximo será un año sabático en el que espero aprobar una asignatura pendiente: el surf.
- ¿Qué estás diciendo?
- Lo que escucha: no pienso hacer la tontería que hizo la generación de mis padres: se mataron trabajando, sacrificaron todo por unos cargos que consideraron excelentes con sueldos inigualables. Ganaron un dinero que jamás pudieron disfrutar. Y ahora que podrían hacerlo ya han perdido las ganas de hacerlo porque se les pasó el cuarto de hora.
Este diálogo contado por un amigo me interesó mucho. Supongo que es real (según su relato de trataba de una multinacional con sede central en Brasil). Pero aunque no lo fuera, responde perfectamente al nuevo paradigma laboral que tienen los jóvenes talentos que aparecen en el mercado. Y tan generalizado se muestra este paradigma que ya podría decirse que no es lo que se viene, sino lo que está instalado y por tanto con lo que hay que contar. Al punto que los sociólogos hablan de la Generación Y.
No es mi especialidad la Sociología, y sería temerario teorizar sobre una supuesta nueva generación y sus características. Pero puedo decir que entre la gente joven hay un sentir generalizado que muy poco tiene que ver con el de la generación anterior. Tanto que no es extraño que los de cuarenta para arriba se queden un tanto desconcertados y faltos de recursos para dirigir a estos nuevos talentos.
Para los veteranos el poeta siempre tuvo razón: “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Pienso que es un vaticinio comprensible desde una actitud de añoranza propia de gente mayor, pero no es justo: hubo tiempos pasados que fueron lamentables. Y estos que vivimos son los mejores por la sencilla razón de que son los que nos han tocado vivir: es lo que hay. Y solo a partir de lo que hay es como podemos dirigir intentando mejorar los recursos, también humanos, de los que disponemos.
Jefes, tomen nota
Si tuviera que sintetizar en unos pocos rasgos esta nueva mentalidad laboral, que se traduce en actitudes muy definidas en relación a las condiciones de trabajos, me atrevería a mencionar tres:
La primera es que y a ninguno de estos jóvenes está dispuesto a soportar un jefe (valga la redundancia) insoportable. Les llevará más o menos tiempo encontrar otro trabajo, pero son lo suficientemente independientes como para no someterse a alguien que ejerza despóticamente las atribuciones de su cargo. Sin que seguramente conozcan el refrán hispánico tienen muy claro que “nadie es más que nadie”. Respetan al jefe que está capacitado y que reconocen como “buena gente”: sobre todo priorizan la coherencia, y valoran mucho que sea una persona capaz de rectificar sus errores.
El segundo punto se relaciona con el entorno. No es que no les interese el sueldo, pero lo que más les importa es el clima laboral, lo que en su jerga sintetizan diciendo “que haya buena onda”. Un ambiente grato, humanamente cordial, hasta podría decirse solidario. Y al mismo tiempo exigente, con ritmo (no soportan las dilaciones) y desafíos. Y si no se sienten cómodos no tienen el mínimo inconveniente en buscar otro trabajo, por más que sus padres les digan que es una locura porque nunca tendrán la seguridad que les ofrece el actual. No les interesa la seguridad. Es como si adivinaran que toda situación esconde nuevas oportunidades.
El tercer rasgo de la mentalidad de las nuevas generaciones es que tienen una enorme confianza en ellos mismos. Generalmente se han especializado en algo –especialización que han encarado casi con la mentalidad de un hobby–, y están seguros de que si son capaces, si son “crack” en algo, como suelen decir, encontrarán un sitio bueno para trabajar. Ni se les ocurre plantearse lealtad a la empresa. Por tanto, ni consideran que es exigible a la empresa, ni la empresa puede esperarla de sus integrantes.
Esto es lo que hay. Y a esto que hay se suma la escasez de talento. De modo que o los directivos aprenden a “manejarse” con estas nuevas pautas o no conseguirán retener talentos. Y lo primero para dirigir a esta nueva camada es olvidarse de los propios paradigmas, olvidar esos tiempos pasados en los que los jóvenes éramos mejores, abrir los ojos, y escuchar sin pretender encerrar el vino nuevo en odres viejos, para decirlo con el lenguaje bíblico. Quizá el mayor desafío para un directivo en la actualidad sea: estamos en presencia de “otra” cosa, tan humana como antes, pero diferente. Por eso abrir la cabeza, buscar las pautas de una nueva lógica (porque estos jóvenes son razonables, pero tienen otras razones que difieren de las que movían a las generaciones pasadas), y así no perder el tren de la historia. Porque el tiempo es una máquina que extermina a los dinosaurios.
Publicado en Café & Negocios, El Observador, 6 de julio de 2011.